La parábola del rey

Escrito por Carlos Castañon el lunes 09 de agosto, 2010 - 11:36 en crimen, drogas, seguridad pública, nacional, presidencia republica, discusión, legalización, Felipe Calderón


Había un rey que convocó a un banquete. Llegada la fecha de la reunión, uno a uno los invitados se fueron excusando por no poder asistir. Al ver el rey que no llegaban los invitados decidió salir al cruce de caminos e invitar a lo que no habían sido invitados en un principio.   Al igual que el rey de la parábola, el presidente Felipe Calderón se declaró solitario y salió nuevamente a convocar a diversos actores de la sociedad, haciendo énfasis en los políticos, a fin de discutir el tema de la seguridad.  Hace algunas semanas, tras el atentado al candidato a gobernador de Tamaulipas, el presidente hizo un llamado a la unidad que inmediatamente fue rechazado por los opositores políticos.


En los diversos foros del “Diálogo por la seguridad; hacia una política de Estado", convocados por el Gobierno Federal durante esta semana, participaron expertos, empresarios, líderes religiosos, políticos y funcionarios. En pleno laberinto de la inseguridad y con más de la mitad del sexenio recorrido, el presidente se mostró desesperado, solitario e incluso abandonado. Hay que leer con detenimiento el discurso pronunciado el miércoles 4 de agosto ante líderes religiosos. Un Calderón que se percibe así como el rey abandonado de la parábola, por eso no dudó  en reprochar a los actores políticos sus excusas: “Yo estoy saliendo y pidiendo la ayuda de la sociedad, como también ya se la pedí a los partidos políticos, y se la pedí al Congreso, y se la seguiré pidiendo. Pero no me voy a quedar a esperar a ver a qué hora los intereses particulares terminan de estar por encima de los intereses nacionales”.


En general hay un clamor para que el Gobierno Federal cambie la estrategia contra el crimen organizado, el narcotráfico y otras manifestaciones que afectan la precaria de la seguridad pública en el país. En este sentido, cada vez más han aumentado las voces que critican la ruta seguida por las autoridades federales. Algunos con razón y honestidad, otros simplemente desde la idiotez que niega el interés público, a fin sólo de llevar agua a su molino.


En lo personal, y lo he escrito en otras ocasiones, no comparto la visión y los caminos que animaron “la lucha por la seguridad pública”; sin embargo también hay que reconocer que ahora el Ejecutivo Federal se mostró dispuesto a discutir un cambio de estrategia, e incluso,  “analizar a profundidad” un tema complejo y espinoso como la legalización de las drogas. A estas alturas del desastre, si los tomadores de decisiones no atienden la palabra del presidente y empujan la administración del problema hacia otros enfoques y resultados eficientes, entonces el laberinto de la inseguridad seguirá acrecentándose fatalmente, mientras el tiempo corre y los ciudadanos esperan en vano.


Por lo tanto, si la crítica, y vaya que hay muchas voces, no conduce a un avance, o la dilucidación de un problema no lleva a resolverlo, el esfuerzo será estéril. Críticos y críticas nos sobran, pero construcción y constructores de instituciones nos faltan. Desde los partidos la crítica ha sido alharaca y en tanto no vaya acompañada de una propuesta, de una alternativa, pierde el valioso sentido republicano. El cambio de estrategia implica una revisión, otra estrategia, y por consiguiente habrá que preguntarse: ¿qué se propone, cómo, con quiénes, bajo que indicadores, en cuánto a tiempo, a qué costo? 


Ya es hora que el PRI o el PRD expresen sus propuestas y no solamente sus críticas. Porque al final, esos partidos también forman parte del poder y tienen responsabilidades. De la misma manera, la sociedad tiene su parte de corresponsabilidad. Pero si bien, como señaló Calderón, “tenemos una delincuencia organizada y una sociedad desorganizada”, el asunto de la participación a través de la denuncia se vuelve poco efectivo en un entorno de profunda desconfianza institucional. Y no nos referimos a casos de conocidos personajes públicos, como aquel obispo duranguense que se atrevió a señalar la morada de un delincuente, y luego de una oportuna amenaza, se desdijo convenientemente. Más bien, nos referimos a la advertencia que luego pueden hacer algunos ciudadanos,  no obstante de dominar el miedo o la duda razonable de que luego se revierta contra los mismos. ¿Cuánto tiempo más esperar?


Para acrecentar el debate, recomiendo algunas referencias que bien vale echar un vistazo. Por ejemplo, resulta de utilidad conocer el último Informe Mundial de las Drogas 2010, generado por la ONU (véase unodc.org); también conviene revisar el primer Informe del Centro Internacional de Ciencia en Política de Drogas (icsdp.org) donde se ha explorado la hipótesis de que el combate a las drogas genera más violencia en vez de reducirla. Y finalmente, para dimensionar el problema del narcotráfico, no dejen de leer en la revista de Nexos del actual mes, el texto “Los hoyos negros de la estrategia contra el narco” de Eduardo Guerrero Gutiérrez.


twitter.com/uncuadros


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