El ABC de la convivencia ordenada
Nunca es tarde para reaprender. Muchos de nosotros asumimos que hemos dejado atrás las lecciones básicas para la vida. Damos por sentado que sabemos lo fundamental: como comportarnos en la mesa, respetar a nuestros mayores, no tirar basura en la calle, no malgastar el agua, etc. Como si saberlo nos diera derecho a evadir la responsabilidad de hacerlo.
Torreón, la otrora ciudad limpia y ordenada por sus anchas avenidas es ahora una pista de carreras en dónde se vale de todo, menos tolerar a otro auto enfrente. En las calles, quien respeta los limites de velocidad es visto con letargo, señalado de forma despectiva y hasta insultado. En los espectáculos, quien respeta la fila de entrada a pesar de que otros no lo hagan es visto con extrañeza. En los estacionamientos, “hay que agarrar sombrita” aunque se muerda la línea divisoria de cada espacio de estacionamiento con los neumáticos. Hombres y mujeres, adultos y jóvenes prefieren “rifársela” cruzando por debajo de los puentes peatonales que tomarse la molestia de utilizarlos a costa de arriesgar su integridad física y de paso meter en problemas a un conductor que sin deberla ni temerla pasó por ahí y no se percato de la imprudencia de algún peatón. En la “chamba” en que no tranza no avanza, cuándo menos para surtir de algunos útiles escolares a los hijos a costa de la empresas para la cuál se trabaja. Ni que decir de la dosis de estrés que cada día suministramos a nuestros hijos al hacer de trayecto a la escuela un “rally extremo” en dónde los padres de familia participamos con un valor y arrojo envidiable (si así fuéramos para otras cosas), en fin.
¡Ah, pero eso si!, somos los mejores directores técnicos de fútbol, planeadores urbanos y hasta presidentes de la republica de tiempo completo. Tenemos las mejores soluciones a los problemas actuales, con la particularidad de que los señalamientos los hacemos siempre hacia otros: “¡Deberían de hacer esto!, ¡deberían de hacer “lotro”!. En nuestros descansos como grandes estrategas desahogamos nuestra frustración con quejas, dónde señalar la corrupción a nuestro sistema político es nuestra queja favorita.
Vaya manera de perfilar nuestra sociedad hacia una salida verdadera y sustentable de sus profundos problemas.
Tal vez si reaprendiéramos el ABC de una convivencia ordenada, habríamos de dar los primeros pasos en un largo camino, hacia el bienestar de nuestra sociedad. Hasta luego.
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