Godot y la estafa

Escrito por Carlos Castañon el sábado 30 de enero, 2010 - 23:42 en reforma política, México, Felipe Calderón, Manlio Fabio Beltrones, senado, seminario

 

¿Estafa?

Como si se tratara de teatro del absurdo, dos hombres esperan en vano a un tal Godot. Pero a diferencia de la célebre obra de Samuel Beckett, la inútil espera viene en dos vías. La que va de nuestra clase política a los ciudadanos y la que esporádicamente se presenta: de los ciudadanos a la política. Ambas guardan una parálisis e inmovilidad desesperantes, porque en el fondo se reflejan, se parecen. De esa manera el discurso repetido hasta el cansancio termina por no ser escuchado. Sólo oímos el ruido que legislatura tras legislatura se hace. De esa manera, el discurso sobre las “reformas” se ha vuelto mítico y etéreo, pero también inalcanzable porque nunca llega. 


El decálogo del Presidente Felipe Calderón para hacer una reforma política, pronto se desdibujó en la irrelevancia de los legisladores panistas, y sobre todo, en el muro infranqueable del PRI. Hace semanas comentaba que la propuesta calderonista se propone cambiar las reglas del juego en la relación sociedad-gobierno, quizá no sea la mejor propuesta, o tal vez no nos guste, pero el peso de la propuesta radica en que emanó directamente del Ejecutivo. En este sentido, se discute ya con algo sobre la mesa a fin de afinarlo, mejorarlo o cambiarlo. Sin embargo, en el Seminario para la Reforma del Estado, que se efectuó en el Senado de la República, la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, más que discutir, desechó rápidamente el tema de las candidaturas independientes. “No pasarán”, debido a la “influencia acrecentada de los poderes fácticos y al inusitado hiperactivismo de los grupos de ultraderecha”. Habrá que recordar entonces su silencio cuando el PRI junto con el PAN, impulsados por la Iglesia Católica, han promovido la penalización del aborto.


Así los demás temas, donde incluso se acusó la propuesta del Ejecutivo como una regresión autoritaria. Pero independientemente de la diferencias, no hemos escuchado, ni tampoco leído la cotrapropuesta de otros partidos y actores, a fin de avanzar. ¿Si no qué sentido tiene un congreso bien pagado para que sólo vayan a platicar y tomar café?  En todo esto los ciudadanos nos quedamos esperando a Godot, sin saber bien a bien cuál es el sentido y lo que se espera.
Acaso, uno de los pocos que sí tiene una propuesta es el senador Manlio Fabio Beltrones, quien se destapó esta semana como un posible candidato a la presidencia de la República. No obstante, de poco le ha valido, a “título personal”, esa propuesta que por cierto, guarda similitudes con la enviada por  el Ejecutivo. Esta misma semana, el coordinador de la bancada priísta en San Lázaro, Francisco Rojas le contestó a su compañero de partido y descartó la reforma porque a la gente le importa "el empleo, tener alimentos tres veces al día en sus casas y contar con una manera digna de vivir".

Además del futbolista, durante la semana lo que se llevó el tiempo, el esfuerzo, fue la preparación de la próximas elecciones. Ahí sí, partidos y políticos dedican atenciones, porque en realidad lo que importa, no es lo que desde el poder se puede transformar en beneficio de los ciudadanos,  si no obtenerlo a toda costa.
Quizá por eso, en la desesperación, el presidente Calderón, en una accidental autocrítica, declaró que los partidos estafan a los ciudadanos: “Mientras los temas más críticos del país se guarden y se archiven por meses y años, el ciudadano seguirá sufriendo una permanente estafa en la falta de decisiones de quien lo representa”.
Así el camino de las reformas. Entre Godot y la estafa.

twitter.com/uncuadros


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1 comentarios de "Godot y la estafa"

#1 Luis Felipe escribió: mar/02 feb

Hola Carlos:

Mientras releemos a Beckett, van algunas ideas sobre la democracia mexicana y sus bemoles.

Sobre democracia y reforma política

La alternancia política en el poder iniciada en el 2000 fue posible en buena medida por la conquista de la democracia electoral, por la aparición del ciudadano como nuevo sujeto social, así como por las graves repercusiones sociales que trajo consigo las políticas económicas que se aplicaron a partir de 1982, para culminar en 1994 con la entrada en vigor del TLCAN, y con la serie de medidas gubernamentales posteriores de austeridad y de carga de las crisis recurrentes en las mayorías de la población. El hartazgo ciudadano se manifestó en las urnas e hizo posible el cambio democrático. Iniciando una etapa más de un largo proceso de liberalización política abierto por la reforma política de Jesús Reyes Heroles que en 1977 legalizó la existencia de los partidos de oposición.

La alternancia política sin duda es un elemento fundamental en el proceso de transición a la democracia. Sin embargo, un sistema democrático no se reduce y agota en los procesos electorales, la democracia es un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo. La actual etapa de democracia electoral no es suficiente para alcanzar ese sistema de vida que señala nuestra Constitución. Es necesario que la democracia representativa se refuerce y se sustente en la democracia participativa.

Los cambios económicos que se efectuaron a partir de los ochenta en México no sólo imprimieron inestabilidad y una mayor vulnerabilidad a la economía mexicana, sino también al sistema político. Mientras que los regimenes anteriores a los Ochenta garantizaban su permanencia en la legitimidad que le permitía un proceso económico que integraba a las grandes masas de la población a los beneficios del crecimiento, el nuevo modelo continuado y profundizado por los gobiernos panistas, se ha basado en la disminución del salario y del empleo a través de una estrategia económica que carga los costos del ajuste sobre las espaldas de los trabajadores y de los pequeños y medianos empresarios. Dándose un rompimiento de hecho con los antiguos pactos sociales populistas que se sustentaban el la revolución mexicana y en la Constitución de 1917.

Algunos analistas plantean que con el proceso de ruptura del pacto social entre el gobierno y los sectores marginados, y con la alternancia política que llevo al poder a las elites conservadoras del país se ha ido agotando el ciclo histórico abierto por la Revolución Mexicana. Las banderas básicas de este movimiento social quedaron truncas e interrumpidas y los nuevos sujetos sociales se han transformado, así como el régimen político y el Estado que nació de ella.

La transición a la democracia no se inicia en el 2000, sino que es resultado de la movilización social, y de las luchas de mineros, ferrocarrileros, maestros, médicos, estudiantes, obreros y campesinos iniciadas a partir de los cincuentas, que son los antecedentes inmediatos a la reforma política de Reyes Heroles. En su ensayo “Democracia participativa y fin de régimen”, la investigadora Rosa Albina Garavito nos señala: “El largo proceso de liberalización política que se inauguró con la reforma política de 1978 y que ahora incluye la democracia electoral; el acotamiento del poder presidencial; el fortalecimiento de los poderes legislativo y judicial; una mayor libertad de expresión; mayor fiscalización del ejercicio presupuestal; con todo y su importancia para la vida política del país, no han alcanzado a cambiar la esencia de un régimen autoritario. Se ha modificado la relación Estado-ciudadano, pero los candados a la libre organización de los trabajadores siguen presente. El corporativismo de las organizaciones sociales, pilar del viejo régimen político, sigue gozando de cabal salud y, con ello, la ausencia de organizaciones representativas de sus agremiados. Sin autonomía sindical y autonomía indígena es difícil pensar que puedan abrirse las puertas de la democracia participativa”.

Elemento central en el actual proceso de discusión sobre una nueva reforma política abierto por el gobierno de Felipe Calderón, y que ha sido desdeñado en su propuesta, tiene que ver básicamente con la legalización de las figuras del referéndum y el plebiscito, así como figura de la revocación de mandato. Ya que su incorporación permitirían reforzar la democracia electoral con la democracia participativa. Reforzados con un reconocimiento pleno de la libertad y democracia sindicales y la autonomía de los pueblos indios.

La maestra Rosa Albina Garabito nos sintetiza los retos para el logro de una real transición a la democracia: “Sin democracia participativa que fortalezca a la democracia representativa, es difícil concebir otra vía para alcanzar un sistema plenamente democrático: ampliar y prolongar el derecho de elegir a los gobernantes hacia la libre elección de las dirigencias sindicales; hacia el ejercicio del derecho de autonomía por parte de los pueblos indios; hacia el derecho de incidir en la definición de las políticas económicas por parte de las organizaciones de asalariados y no solamente de las organizaciones empresariales; hacia el federalismo como una realidad y no como letra hueca de nuestro sistema republicano. En fin, se trata de hacer de la democracia el sistema jurídico mediante el cual se toman las decisiones que atañen el presente y el futuro del país en ámbitos tan importantes como la definición de las políticas económicas y sociales”.


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