¿Qué celebramos?

Escrito por Carlos Castañon el sábado 19 de septiembre, 2009 - 18:50 en historia, festejo, México, Centenario, Revolución, independencia, Bicentenario

 

Con el país de cabeza

Como cada año, las fiestas patrias mueven a un rancio nacionalismo o en el mejor de los casos, a festejos sin sentido, pero con mucha alharaca. Herencia todavía de los regímenes oficiales, la historia que mueve a estos festejos no ayuda a echar luz a nuestro extraviado presente. Más bien lo distorsiona. Ahí, los sucesos históricos se mezclan con el mito y la irrealidad de un pasado “glorioso”. De esa manera arrancaron por estos días los festejos del Bicentenario de la Independencia de México y el Centenario de la Revolución. No importa que no se sepa con claridad lo qué se festeja, sino el “patriotismo” del aniversario. Uno de nuestros grandes historiadores, Jean Meyer, escribió a propósito de las celebraciones: “En lugar de intoxicarnos con un pasado machacado y rumiado hasta la indigestión, un pasado que proyecta una densa sombra sobre el presente y el futuro, la conmemoración de 1810, como la de 1910, debe propiciar una verdadera toma de conciencia histórica que permita una auténtica catarsis, una liberación”.

Por ejemplo, no hay que omitir que del “Grito de Dolores” se pasó a la carnicería de Granaditas, la cual por cierto, hace palidecer a la ola de violencia desatada en estos tiempos. En un texto provocador publicado en Reforma (28-VI-09), Gabriel Zaid lo cuestionó así: “El 16 de septiembre de 1810 y el 20 de noviembre de 1910 no son fechas gloriosas. Interrumpieron, en vez de acelerar, la construcción del país. Destruyeron muchas cosas valiosas. Causaron muertes injustificables. Lo que los indios, mestizos y criollos habían venido construyendo después del desastre de la Conquista alcanzó un nivel sorprendente en el siglo XVIII, que se perdió con los desastres de la Independencia y la Revolución. México no empezó hace 200 años. Los verdaderos Padres de la Patria no son los asesinos que enaltece la historia oficial, sino la multitud de mexicanos valiosos que han ido construyendo el país en la vida cotidiana, laboriosa, constructiva y llena de pequeños triunfos creadores”.


En el fondo ¿qué celebramos? ¿Cuál es el sentido de la oda fúnebre del Bicentenario y Centenario? ¿Qué sentido tiene un festejo que ahora se disputan los políticos? En realidad, detrás de la fiesta se oculta el fracaso histórico, el subdesarrollo.
Con el país sumido en una crisis económica y el desempleo a la alza, con el lastre durísimo de la pobreza, con las crisis de seguridad y el problema del narcotráfico, con el país formado por inmensas generaciones de maestros y alumnos reprobados. Como si no fuera poco, se suma un gobierno que quiere más dinero sin rendir cuentas, sin ser eficaz.


Tras el recuento histórico la cosecha levantada es pobre, insuficiente y decepcionante. La ventaja de un territorio rico en recursos naturales, se desvaneció en una profunda desigualdad mostrada por Alexander von Humboldt en los años previos a las guerras de Independencia. Cien años después, durante el porfiriato las cosas no cambiaron mucho, pues la desigualdad y el atraso seguían ahí, no obstante los esfuerzos por iniciar la industrialización del país. A la vuelta de cien años más, vinieron otras revueltas y revoluciones que terminaron con la clase gobernante, Porfirio Díaz en el exilio y alrededor de un millón de muertos, pero los añejos problemas nacionales permanecieron.

En nuestro presente, varios de esos problemas, como la inequidad y la pobreza aumentaron geométricamente. Otros como la corrupción, se expandieron en las instituciones como cáncer.  El balance es negativo, por lo mismo es contradictorio el “festejo” a luz de nuestro pasado. Porque en el presente no hay muchas alternativas razonables, avances importantes. Octavio Paz, a quien debemos recurrir por estos días, escribió con razón que “la Revolución mexicana nos hizo salir de nosotros mismos y nos puso frente a la Historia, planteándonos la necesidad de inventar nuestro futuro y nuestras instituciones. La Revolución ha muerto sin resolver nuestras contradicciones”.

No sabemos si estamos en una de esas ironías que se reconocen después en la historia. Así, para 1910 se vivía con júbilo la celebración del Centenario de la Independencia organizado por el gobierno de Díaz, sin sospechar que detrás de la fiesta, estaba una revuelta armada que interrumpió abruptamente la conmemoración. Ahora México necesita una revolución auténtica, desde luego no armada ni violenta, sino una revolución ciudadana que retome desde abajo la dignidad de la política y al mismo tiempo encauce el rumbo del país para salir del atraso.  Porque de la manera cómo vamos, con esta clase política al mando y una ciudadanía dormida, tenemos asegurado el progreso improductivo para un futuro inviable.


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2 comentarios de "¿Qué celebramos?"

#1 Luis Felipe escribió: 20/sep/2009

Hola Carlos:

Coincido con tus ideas sobre el Bicentenario. Van algunas reflexiones sobre estos festejos "sadomasoquistas" donde la Independencia y la revolución quedaron truncas:

Gritos y susurros

Estamos en pleno mes de la patria, cerca, muy cerca del Bicentenario y sus festejos: Independencia (1810) y Revolución (1910), se dice fácil. Dos movimientos sociales que transformaron a México, dos procesos donde murieron miles de mexicanos, dos etapas de confrontación y violencia en la búsqueda de un mejor país, con mayores niveles de bienestar de la población.

Donde los héroes que nos dieron patria lucharon para construir un país más justo y menos desigual, un país independiente y soberano, un país plural donde conviviéramos todos, todas las razas, todas las etnias, todas las religiones, todos los credos.

Un país democrático y con un sólido estado de derecho. Un país sin latifundios, sin oligarquías, con gobiernos sensibles y honestos, con políticos representativos y cercanos al pueblo, con sufragio efectivo y no reelección. Un país donde la educación fuera obligatoria, laica y gratuita.

Un país donde su población tuviera derecho a un salario digno y bien remunerado, un país donde el estado garantizara plenamente la seguridad pública, el derecho a la salud, el derecho a contar con una vivienda digna. En suma un país mejor.

Estas son algunas ideas que motivaron los movimientos independentistas y revolucionarios; son las ideas de Morelos y de Hidalgo, de Zapata y de Villa y de tantos otros personajes de nuestra historia. Su muerte junto a las de tantos compatriotas no pudo haber sido en vano, las ideas, las enseñanzas, los ejemplos perduran en el inconsciente colectivo mexicano.

Por más que ahora parece estar de moda entre cierta intelectualidad light ser revisionista de la historia mexicana, la cual con un cierto toque de desenfado y de cinismo pretenden en estos tiempos neoliberales reescribirla, pero ahora rescatando las ideas y encumbrando a los personajes de Iturbide, de Maximiliano, de Santa Anna, de Porfirio Díaz, entre otros, en los verdaderos héroes dignos de culto y admiración popular.

Complementan su tarea con una buena dosis de sofismas y de un uso parcial e interesado en denostar a Hidalgo, Morelos, Villa, Madero, Zapata y a todos aquellos que lucharon realmente por un mejor país, y que con su legado nos siguen advirtiendo que falta mucho por hacer, que la independencia y la revolución quedaron truncas, interrumpidas en espera de mejores tiempos.

Que celebrar entonces en estas “fiestas patrias” y en este próximo Bicentenario. Acaso seremos masoquistas y brindaremos por la violencia que agobia nuestro país, por el desempleo creciente, por nuestra dependencia a la economía norteamericana, por la extranjerización de nuestra riqueza, por la demagogia de nuestro gobierno, por el IETU y el IVA a alimentos y medicinas disfrazado, por los diez millones de pobres más, por las remesas en descenso de nuestros migrantes, por la petrolización de nuestra economía, por los fraudes y corrupción de nuestras elites económicas y políticas. Por nuestra deuda externa, por el cinismo y falta de sensibilidad de nuestra clase política, por los altos salarios de los Diputados y Senadores, de la Suprema Corte, del IFE, CNDH, IFAI y demás parásitos de la vida nacional.

No nos queda de otra más que informarnos, reflexionar, no creer todo lo que nos diga Televisa o TV Azteca, ser analíticos, pasar la voz, susurrar, participar, imaginar que otro México puede ser posible, que aún hay esperanza.

#2 Alfredo Castaneda. escribió: 20/sep/2009

me vas a disculpar si me trago la H muda pero quiero felicitarte por esas palabras tan adecuadas en un tiempo que se deben de leer o escuchar, pero mas que todo refleccionar y actuar acorde a tus pensar, porque has puesto en perspectiva, la realidad que no hemos podido asimilar mucho menos controlar , canalizar el potencial de energias humanas y naturales que este nuestro gran pais posee, yo se que un dia morire, pero lo que mas ya desde ahorita me duele es haver venido a este planeta y ver que ya nos habian conquistado, que nos estan conquistando y que estamos en la mira d uncabron que nos quiere tener conquistados hasta que sepamos repeleer las agrasiones y empezar a cuidarnos e independiarnos de verdad, gracias por tener la habilidady mas que nada la buena voluntad de escribir algo que les movera la mente y sobretodo la conciencia a muchos seres humanos, me resisto a morir, porque no quiero partir de este mundo sin ver una sonrrisa de satisfaccion de triunfo en cada uno de mis compatriotas, yo puedo ofrecer mi vida para eso, pero sinestructura enfocada mi vida se desperdiciaria, como cancion a un sordo.


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