La hora de cambiar

Escrito por Carlos Castañon el sábado 05 de septiembre, 2009 - 12:44 en Tercer Informe de gobierno, Felipe Calderón, presidente, México, gobierno

 

¿la hora de cambiar?

Decidido, claro y por momentos notablemente enfático, el tercer Informe del Presidente Felipe Calderón, fue quizá, el discurso más brillante que haya pronunciado como mandatario. Repasó las crisis recientes que han impactado el país, convocó a la unidad, hizo autocrítica, y más aún, propuso un decálogo para generar un cambio profundo. Reconoció que “lo logrado es claramente insuficiente”, y que a este ritmo “tomaría muchos años o quizá décadas el poder vislumbrar en hechos concretos el México que queremos”.


Con el tiempo en contra, pues ya se fue la mitad del sexenio, Calderón sabe que de seguir igual, los resultados serán pobres y no alcanzarán en el presente.  En este sentido, el Informe fue una gran convocatoria a realizar los cambios que requiere el país. Al mismo tiempo, sabe que es un gobernante débil con una mayoría priísta en contra, y por lo tanto, ya no tiene qué perder porque ya lo perdió en la pasada elección. Pero si Calderón quiere hacer de su discurso algo más que una pieza destacable, tiene que dar un golpe de timón, cambiar radicalmente, porque el gradualismo al que le apostó, no ha resultado relevante.  Falta más, y por eso propuso un decálogo de reformas. Las sintetizó así: Combate a la pobreza, Cobertura Universal de Salud, Educación de Calidad, Austeridad y Finanzas Públicas; Reforma Económica, Reforma en Telecomunicación, Reforma Laboral, Reforma regulatoria de fondo, Combate al crimen y Reforma Política.


Pero veamos algunos puntos, a fin de distinguir la factibilidad del llamado. Propuso alcanzar una educación de calidad para cambiar de fondo a México y superar el marasmo de intereses. No obstante, en la propuesta nunca mencionó qué va hacer con la maestra Elba Esther y su notable aportación al subdesarrollo educativo. ¿Dará un golpe de timón o simplemente continuará tomándose la foto como hace unos días lo hizo?

Propuso también una reforma al sector de las telecomunicaciones para generar una “verdadera competencia” y precios accesibles. ¿Se enfrentará ahora sí al duopolio televisivo que lo mismo extorsiona y chantajea al gobierno para lograr más ventajas? ¿Ahora si les va cobrar la reconversión que en otros países han pagado las televisoras?
¿Cómo generar competencia con un Carlos Slim? Hace unos días, el gobierno de Colombia, a través de su ministra de Comunicaciones, obligó a la empresa del poderoso mexicano, reducir las tarifas en casi un 50%, a fin de generar competencia en los mercados y favorecer así a los consumidores. ¿Hará efectivas las recomendaciones puntuales de la Cofetel y la OCDE?


Ahora que se discute subir los impuestos para compensar las pérdidas del gobierno federal, Calderón propuso hacer una reforma profunda a las finanzas públicas para racionalizar el gasto y “hacer más con menos”. Tiene razón Sergio Sarmiento, quien escribió hace unos días: “¿Para qué quiere más dinero el gobierno? Para mantener el gasto del IFE, los partidos, los diputados, los senadores y la clase política, para continuar programas de gasto social que no han logrado reducir la pobreza pero sí crear burocracias, para aumentar el gasto policial que no ha disminuido la inseguridad pero sí incrementado el consumo de drogas, para mantener los costosos monopolios del gobierno”.
 
A Calderón le queda poco tiempo y por eso anuncia que es la hora de cambiar, de cambiar a fondo y romper las inercias, aún y “con todos los riegos y costos que eso implica”. Un cambio profundo no depende solamente del Presidente, como bien lo recordó en el Informe. La responsabilidad recae también en otros actores políticos, incluyendo los ciudadanos. Pero en este caso, un Presidente puede ayudar mucho a construir esas condiciones deseables.  Si en los años que le restan a su gobierno, Calderón no logra concretar algunos de estos puntos, estaremos sólo ante un discurso brillante. Lleno de buenas intenciones.


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2 comentarios de "La hora de cambiar"

#1 Luis Felipe escribió: 09/sep/2009

Hola Carlos:

Efectivamente a Calderon se le va el tren, creo que como Fox se va a quedar con "el cambio" y con los cambios. Esperemos que no. Van algunas ideas sobre el informe:

Ecos del informe

Se acabaron las interpelaciones, los escándalos, las mascaras, las burlas, los chiflidos, los abucheos, los aplausos al por mayor, las porras, los ¡Viva México!, los insultos, los besamanos, el confeti, las entradas triunfales al Congreso, las vallas y el ejercito, las cadenas nacionales, las manifestaciones, el show mediático pues. Ya no sabemos si fue para bien o para mal el fin del ritual. Realmente éramos unos perfectos sado-masoquistas quienes nos “chutábamos” por completo los informes presidenciales. Siempre a la espera en tiempos populistas de los anuncios presidenciales de aumentos salariales por decreto, de la sarta de mentiras piadosas que nos inundaban para hacer llevaderas las crisis recurrentes, de los traspiés de los legisladores en los informes, como el de aquella diputada que le toco presidir el Congreso y que le dijo a Salinas muy ufana: “Tiene la palabra el Presidente de los Estados Unidos de la palabra”. O de aquel viejo zorro de la política don Fidel Velazquez, que ante los intentos de Porfirio Muños Ledo de interpelar al presidente de la Madrid declaró: “Al presidente lo interpelaron, pero se la pelaron”. O como olvidar al celebre diputado Rascón que durante un informe completo permaneció de pie con una mascara de cuinito. O que decir del atrabancado diputado Fox poniéndose las boletas electorales como si fueran unas enormes orejas salinistas. O las lagrimas de cocodrilo de José López Portillo pidiéndoles perdón a los marginados. Tiempos folklóricos que parece que no volverán.

El agudo analista Sánchez Rebolledo pone el dedo en la llaga y nos dice: “(…) ¿cómo hacer que el jefe del Ejecutivo se someta a un ejercicio periódico de control parlamentario como ocurre en las grandes democracias del mundo? En lugar de eso, gracias a las tranquilizadoras modificaciones hechas a modo, ahora los jefes de los grupos parlamentarios hablan entre sí o para los suyos, si es que alguien los escucha sin los reflectores presidenciales, mientras que el Ejecutivo se reserva la ocasión para hacer su propia fiesta particular en Palacio Nacional y ahí, entre amigos e invitados sin tacha, expresarse a sus anchas. (Adolfo Sánchez Rebolledo, El informe: Ritual de la intrascendencia, la Jornada, 3/09/09). En ese faraónico acto en Palacio Nacional Calderón dijo que “son necesarias nuevas reformas políticas, pues las habidas hasta ahora no se han traducido aún en resolver los problemas de los ciudadanos o en garantizar mejores gobiernos (...) Hay que reconocerlo: los ciudadanos no están satisfechos con la representación política y perciben una enorme brecha entre sus necesidades y la actuación de sus gobernantes, representantes y políticos”. Luego de esta especie de autocrítica “sui generis”, relanzó sus incumplidas promesas de campaña, ahora convertidas en 10 nuevas líneas de acción: combate a la pobreza, cobertura universal de salud, educación de calidad y lucha frontal contra el crimen, reformas de las finanzas públicas, de las empresas públicas del sector energético, del sector de las telecomunicaciones, la del sector laboral, la regulatoria y la política.

Entonces en donde estamos, que se ha logrado en estos tres años de violencia demencial, bajo el pretexto del combate contra el crimen organizado. Estamos con un incremento de nada menos 10 millones adicionales de pobres, una economía colapsada, una crisis de empleo sin precedente, un “shock” histórico en las finanzas públicas, una caída vertiginosa de los ingresos petroleros y de las remesas de lo migrantes, un cierre escalofriante de pequeñas y medianas empresas, una deuda externa creciente, una desintegración social y familiar aguda, o sea un futuro francamente sombrío para las familias mexicanas. Los únicos felices son los magnates de siempre. Paradójicamente cada crisis trae una nueva carretada de millonarios. Las listas de Forbes se engalanaran con el ingreso y el ascenso de nuevos miembros mexicanos.

Retomando a Sánchez Rebolledo concluimos con sus reflexiones sobre nuestra triste democracia virtual: “Muerta la tradición, el presidencialismo, o su caricatura, pervive; sin embargo, en la curiosa transmutación de los escenarios y el público, en el voluntarismo del mandatario que piensa en el régimen democrático como una serie de compartimientos estancos donde no hay más interlocutores que él y el ciudadano indiferenciado de las encuestas. Y al confundir la República real con la fantasía televisiva se nos escamotea algo muy importante: la política democrática no puede limitarse a los supuestos especialistas predicando desde sus nichos y menos en tiempos de crisis cuando las decisiones adoptadas por mayorías simples o calificadas en los congresos afectan la vida cotidiana de las personas, trascienden los ámbitos de los cenáculos y discurren entre las necesidades y las esperanzas de la gente. Lo menos que podría hacer un presidente preocupado por corregir el rumbo del país sería enfrentarse a la crítica plural (le parezca o no razonable) del Congreso y defender sus ideas sin ocultarse tras la pantalla de tv”. (Adolfo Sánchez Rebolledo, El informe: Ritual de la intrascendencia, la Jornada, 3/09/09)

#2 denise higaderaaa escribió: 09/sep/2009

esta rebuenOo!


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