El espejo inglés

Brown, en la mira
Ya por fin termina el proceso electoral. A partir del domingo por la noche, tendremos la mayoría de los resultados de la elección y nuevamente, estaremos ante otro ciclo de tres años en la Cámara baja. ¿Qué tan diferentes serán estos diputados que vienen, con respecto a los que se van? ¿Qué tanto cambiarán las cosas? ¿Será el inició de una transformación profunda, o simplemente una triste repetición del pasado? Para tratar de contestar a estas preguntas, les propongo vernos en el espejo inglés y su equivalencia de poder legislativo en el parlamento. Durante los pasados meses de mayo y junio, la política inglesa se vio sacudida por varios escándalos de corrupción y abusos de poder, lo cual no dista mucho de lo que sucede en México.
En mayo, el presidente de la Cámara de los Comunes del parlamento británico, Michael Martin, dimitió a su cargo, debido a una serie de reportajes publicados por el periódico The Daily Telegraph, donde se exhibió los gastos excesivos e injustificados de algunos diputados. La situación fue tan comprometedora, que el Parlamentó encausó la dimisión del presidente de la Cámara. En poco más de 300 años, no se había presentado un caso así. El último registrado, fue el de John Trevor, presidente que aceptó sobornos y fue obligado a dejar el cargo en 1695.
El desprestigio público de Martin, vino a raíz de que se comprobó que varios diputados utilizaron los recursos públicos para su beneficio personal. Lo mismo se pagan muebles y electrodomésticos, que películas pornográficas, todo con cargo a los contribuyentes, lo cual indignó de sobremanera a los británicos, también golpeados por la crisis económica mundial. Por si fuera poco, Martin, trató de impedir que se publicaran los gastos de los diputados, lo cual agravó más las cosas y precipitó su salida. El escándalo, no sólo se quedó en los medios, sino que precipitó la salida de varios ministros del gobierno británico al mando del laborista Gordon Brown. Los ministros del Interior; y de Comunidades y Administraciones locales salieron tras el escándalo. A los pocos días, esta situación se reflejó consecuentemente en las elecciones locales celebradas en el mes de junio. Los ciudadanos castigaron al partido laborista, mandándolo al tercer sitio y el primer ministro Brown, figura equivalente al presidente de la república, por poco cae.
¿Qué lecciones nos deja el espejo inglés? ¿Qué diferencias encontramos entre el Parlamento inglés y el Congreso mexicano? El asunto inglés confirma la universalidad de la corrupción y el abuso de poder a costa de los ciudadanos. Ni lo ingleses ni los estadounidenses, ni tampoco aquellos ciudadanos de las democracias más avanzadas, están libres de corrupción y debilidades humanas. Entonces, si al igual que los mexicanos, también pueden ser corruptos, ¿dónde está la diferencia? En esencia, lo que esos países han logrado construir y conservar con éxito para el bien mayor de los ciudadanos, es una serie de mecanismos e instituciones que inhiben la corrupción y los abusos, porque la tendencia general se da en una autoridad que procura justicia y llama a rendir cuentas. Esto no significa que no tengan corrupción, pero al menos, logran contenerla como una tendencia general. Han formado un estado de derecho, donde la impunidad no es la regla. Quizá por eso, mientras Inglaterra ocupa el lugar 16 en el Índice de Transparencia Internacional, México está en el 72. Otro indicador internacional, desarrollado por el Banco Mundial, expresa que nuestro país reprueba en materia de gobernabilidad y estado de derecho.
Por eso, entre nosotros los mexicanos, la frase “rendición de cuentas” no tiene sentido, ni tampoco hace referencia a algo claro, concreto y puntual. Al contrario, el reino de la impunidad, termina por dominar todos los ámbitos de la vida pública, es decir, no sólo se trata del gobierno y la burocracia, sino también de los ciudadanos, donde en la primera oportunidad, rompen las reglas. Entre nosotros, se pueden morir 48 niños, y no pasa nada. No cae ningún “pez gordo”, y mucho menos, aún cuando se comprueben actos delictivos. Por si fuera poco, lejos de afectar los partidos de donde emanan los políticos, terminan siendo refrendados en sus Congresos locales. Ahí está Oaxaca y Puebla. Algo muy descompuesto hay en nuestra vida pública, para asumir cada día, que la impunidad es nuestra “ley”.
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1 comentarios de "El espejo inglés"
Luis Felipe escribió:
06/jul/2009 Hola Carlos:
Desafortunadamente en México las elites nos aplican la "Ley del Gallito Ingles". Van algunas ideas sobre las elecciones:
Las lecciones de las elecciones
Afortunadamente, no hay mal que dure cien años, ni ciudadano que los aguante. Pasó el proceso electoral sin pena ni gloria. Las tendencias se confirmaron, el abstencionismo, el ausentismo en las casillas, el rechazo generalizado de la población a las formas tradicionales de actuación de los partidos políticos, el rechazo explicito e implícito a la forma en que se nos ha venido gobernando en los últimos años. Situaciones que motivaron el voto de castigo de los ciudadanos al partido en el poder por los agravios que las autoridades locales y nacionales nos han venido propinando. El desempleo, la inseguridad, la carestía, los engaños y mitos sobre la influenza, el tráfico de influencias que generaron la tragedia de la guardería de Hermosillo, las complicidades con los lideres sindicales mas corruptos del país (Snte, petroleros, etc.), la impunidad y la corrupción creciente, no son más que botones de muestra del hartazgo ciudadano.
La apatía y el desinterés de la población para participar a través del sufragio en la designación de sus representantes ante el congreso, se dan, -aparte de lo expuesto anteriormente-, por la falta de identificación con las ideas y plataformas de los partidos y de sus candidatos, y por la brecha que continúa ensanchándose entre la clase política y la ciudadanía. De ahí el rechazo a las formas y mecanismos tradicionales de funcionamiento de las elites políticas y de las instituciones cuya obsolescencia prematura, parece que ya no responden a las exigencias ciudadanas de mayor contar con mayor certeza, confianza, transparencia y legalidad de los procesos electorales y de los resultados que estos generan. Ya que una vez concluido el ritual del proceso eleccionario, no existen mecanismos ciudadanos para vigilar y controlar las acciones de las autoridades electas, las cuales tendrían que cumplir obligatoriamente con sus compromisos de campaña, y en caso de que así no fuera, se les tendría que revocar el mandato. Desafortunadamente, las cosas en nuestro país funcionan bizarramente. Julio Hernández, articulista de la Jornada, de manera tajante y dura nos señala: “…la vía electoral es solamente una forma de repartición negociada del poder entre elites y una farsa de supuesta participación ciudadana en la confección de las estructuras que enseguida acabarán golpeando a esa misma población” (Julio Hernández, La Jornada, 2/VII/09). Por ejemplo, algunos analistas prevén, una vez que se instale el Congreso, la casi inminente discusión y aprobación -si la ciudadanía no participa-, de gravar alimentos y medicinas, por el desplome de la recaudación fiscal, la caída de las remesas de los migrantes y la falta de repunte de los precios internacionales del petróleo.
Otro analista económico nos dice: “Por fin concluyó el despiadado bombardeo propagandístico de los partidos políticos y sus candidatos populares, y en el balance lo único sobresaliente es la ausencia total de propuestas, proyectos y alternativas para hacer frente a la horripilante situación económica y social que registra el país, su constante deterioro y la vergonzosa inmovilidad calderonista que sólo ve signos alentadores por doquier, tantos que para 2009 México obtendrá el último lugar de América Latina y el 141 (de 152 posibles) a nivel internacional”. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, 2/VII/09). También nos señala Fernández- Vega que el panorama económico por venir es francamente desolador: “En septiembre de 2008 los mismos especialistas (del sector privado consultados por el Banco de México) eran menos conscientes de la realidad: pronosticaron un crecimiento económico de 2.5 por ciento para 2009, la generación 486 mil empleos formales, y un aumento real de 4.6 por ciento en el poder adquisitivo de los salarios. Tres meses después cambió el balance: caída de 0.1 por ciento del PIB en 2009, incremento anual de 81 mil trabajadores registrados en el IMSS y a lo largo del presente año los salarios en términos reales mostrarán debilidad. Para marzo pasado los pronósticos empeoraron: caída anual de 3.3 por ciento, 455 mil empleos formales cancelados y desplome del poder adquisitivo de los salarios, hasta ubicarlo en un nivel similar al registrado un año atrás. Y en junio fortalecieron los horripilantes pronósticos, los cuales, dicho sea de paso, no sólo se han cumplido, sino que empeoran mes tras mes”. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, 2/VII/09). Esta es la triste realidad mexicana, más allá de las elecciones.

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