El mito de la Revolución

Después de la violencia intestina, del millón de muertos, del asesinato selectivo de los líderes militares, la Revolución Mexicana, así con mayúsculas, fue instituida como discurso, como festejo fúnebre de nuestras glorias. A 98 años de la gesta revolucionaria, retornamos siempre a los desfiles, homenajes y festejos del heroico suceso. Se pronuncian monolíticos discursos, se hacen ofrendas y marchas escolares en torno al mito de la Revolución.
¿Tiene sentido el festejo? ¿Hay motivo para estar orgullosos? ¿Cuál es el balance de la historia? ¿Está México mejor después de la lucha armada? ¿Finalmente, qué es lo que nos queda de aquel difuso, pero bien celebrado aniversario?
Ya lo recordaba bien Octavio Paz, el mexicano vive atado en muchos sentidos al pasado. Más que ver al presente, añora el pasado. Y mientras seguimos festejando, no importa que no quede claro de qué va el festejo, sino de que trata sobre la Revolución, y eso sí lo saben bien los mexicanos. Sin embargo, dos encuestas recientes, demuestran que en realidad los mexicanos conocen poco o nada de la historia, y justamente ahí radica parte de la fuerza del mito. No se conoce, pero se reconoce.
En esta semana se publicaron dos estudios de opinión sobre la Revolución, uno de María de las Heras y otro de El Universal. Por ejemplo, de las Heras encuentra que 62% de los mexicanos piensa que todavía le debemos mucho a la Revolución y aun así, uno de cada dos piensa que en el México de principios del siglo XXI la democracia efectiva todavía es un ideal que no se cumple.
Por otro lado, la encuesta del Universal, demuestra que el 55% de los mexicanos ni siquiera ubica bien la fecha de inicio de la Revolución, pero al mismo tiempo un dominante 75% considera que el movimiento armado cumplió sus objetivos, aunque no se sepan cuáles fueron. ¿Cómo? 3 de cada 4 mexicanos no sabe bien a bien la historia, pero se cree, como acto de fe, que la Revolución cumplió sus objetivos. ¿Y verdaderamente tenía objetivos la mentada Revolución?
Si atendemos al hecho histórico como tal, conoceremos que la Revolución no fue un movimiento sino varios, en ocasiones afines, otras abiertamente contrapuestos. Madero luchó por un cambio político y la sustitución del poder. Zapata y Villa, compartían ideales agrarios, pero tenían motivaciones distintas. El golpe de Estado de Huerta por ocupar la silla terminó por desatar nuevamente la guerra hasta el triunfo de Carraza. Finalmente será el ala sonorense, Obregón y Calles, quienes triunfen e imponga su visión.
Pero quien realmente logró resolver el problema de la violencia, fue Calles con la creación del Partido Nacional Revolucionario (hoy el PRI), en 1929, como un mecanismo para trasmitir el poder sexenal a los caudillos del partido.
Al final, el nuevo régimen revolucionario e institucional, no logró resolver los problemas sustanciales del México Porfiriano. Y si bien, levantó instituciones admirables y alfabetizó a la mayoría del país, no logró establecer una base democrática, ni tampoco un estado de derecho. Mucho menos acabar con la pobreza.
La Revolución Mexicana, argumenta Macario Schettino, no es un hecho histórico, es una construcción cultural, una interpretación interesada de los eventos ocurridos a la salida de Porfirio Díaz, creada por los ganadores de la serie de guerras civiles que le siguieron, para dotarse de una legitimidad que de otra manera simplemente nunca hubieran tenido. El mito de la Revolución no ha muerto, ha escrito Schettino, millones de mexicanos siguen creyendo en él, sin darse cuenta de que la pobreza en que viven es resultado del régimen autoritario que inventó ese mito para mantenerlos engañados. El mito ha sido tan poderoso, que no hay forma de renovar a México sin enfrentarlo. No hay manera de construir un México democrático, competitivo y justo sin destruir ese pensamiento anacrónico y colonial que subyace a ese invento llamado Revolución Mexicana. Y quizá un buen camino para abordar este problema, es reinterpretando la historia sin la ideología del viejo régimen. Releerla y reescribir los libros de historia sería más sano para un Centenario de la Revolución en el 2010, que seguir perpetuando el mito. Es decir, quitar la mayúscula a la Revolución.
No hay mucho que celebrar en el México del siglo XXI, porque los viejos problemas sociales, económicos y políticos siguen ahí como en el pasado “glorioso” que leímos en los libros de nuestra historia oficial. Un Estado mexicano incapaz de instaurar el imperio de la ley o el estado de derecho, es por lo tanto, incapaz de generar una justicia social para los millones de pobres que subsisten a la par del mito.
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5 comentarios de "El mito de la Revolución"
Luis Carlos escribió:
09/jun/2009 Por lo menos cita a Sergio Sarmiento.
Lorenzo Simental escribió:
09/jun/2009 La historia de nuestro país -y la de cualquiera- está construida con base en los mitos, que no son sinónimos de "leyenda", pero sí entrañan una buena parte de su constucción en la sacralización de los hechos -que la más de las veces no fueron- hasta convertirlos en dogma.
Ahí está el mito del pastorcito que se convirtió en presidente de México, lo cual es admirable en sí; pero la historia oficial nada dice del Juárez que se apropió y se obsesionó con el Poder igual que lo hicieron otros que son los "malos" de la historia; ni dice nada del Juárez que, luego de ingresar a la masonería en EU, ofrecía territorios del país a los gringos y se los jugaba a las cartas.
La historia nada dice del "Padre de la Patria" que ordenaba acuchillar españoles para ahorrar balas, porque en dado momento se convirtieron en una carga; nada dice del "Ejército Insurgente", esa masa vandálica y amorfa del principio, que se fletó en la "lucha libertaria" para "agenciarse" lo posible y luego desertar. ¿El "grito de Dolores"? "¡Viva Fernando VI!" (Rey de España asediado por los franceses)... pero probable verdad es que ni siquiera hubo tal "grito".
¿Por qué no se habla de Iturbide, quien consumó la independencia, al convocar a Guerrero y a O'Donojú? Porque la facción masónica imperante quiso borrar hasta su nombre (lo cual hizo); por eso se celebra el incierto inicio y no la consumación.
En la "historia patria" que nos enseñaron existe la mitología de "los buenos contra los malos", la interpretación maniquea de la historia.
La historia está llena de cuentecitos que quizá entrañan la utilidad del adoctrinamiento y de la generación de una fe en torno a una creencia para hacer "la patria". Pero ¿por ello es despreciable toda la historia? No, la historia es sólo el recuento, que no la evolución, y el recuento nos permite entender lo que ahora somos, al entender cómo fueron los hombres de carne y hueso que hicieron la historia... ellos y no otros.
Bueno el tema.
Saludos.
RAZA escribió:
09/jun/2009 Un país se construye a través de mitos, de leyendas y de hechos ad hoc, el nuestro no escapó a ese proceso. No digo que esto sea bueno, en cierto sentido es perjudicial pero hasta ahora pocos se han atrevido a reescribir la historia.
Aquí lo importante es desmitificarla pero desde nuestra casa, no dejar sólo esa tarea a las instancias educativas; al desmitificarla debe estar lo más posible ajena a la carga ideológica o teológica que tengamos... pero esto muchas veces es imposible.
El que la historia se cuente o trate así es una estrategia, recordemos que la vida del hombre es una constante lucha de clase y mientras así convenga, así se va a presentar. Tratar de contarla tal como es o como la comprendemos, necesariamente no debe caer en el otro extermo: que Juárez tuvo ambiciones, que Villa fue un bandolero, que el Cura no fue tan Cura porque tuvo hijo... es contarla desde la perspectiva que quienes en ella intervienen son hombres con pasiones y visiones que junto a la vida que llevaron los llevaron a actuar de tal o cual modo; sin justificarlos pero si tratar de entender sus hechos...
Esa es mi opinión.
Saludos.
Lorenzo Simental escribió:
09/jun/2009 RAZA:
Tienes toda la razón. En el campo de las ideas -y de la acción- varios fenómenos son recurrentes: la mitificación, la sacralización y la satanización. Son procesos inevitables porque en algún lugar tenemos que acomodar el criterio para valorar los hechos de tal o cual forma; no es posible evitarlo.
Milan Kundera, en "La insoportable levedad del ser", presenta un enfoque muy curioso acerca de Hitler: la idea del eterno retorno, y muestra cómo incluso personajes como ese autriaco desquiciado fueron "necesarios" en la conformación de la historia, porque a partir de ahí valoramos el peso de los hechos que fueron.
En Letras Libres de octubre se habla de "los pasados imaginarios", la historia contrafactual y es verdaderamente interesante cómo es que esta nueva posibilidad revela el peso de los hechos, incluso los "mínimos". Por ejemplo, ¿qué hubiera pasado de no haberse realizado la Conquista?, ¿si Álvaro Obregón no hubiera sido asesinado? ¿Qué hubiera sido si los jesuitas no hubieran sido expulsados? La Reforma frustrada, la Revolución no deseada... A partir de los supuestos de lo que no fue se genera una versión de la historia muy interesante que sirve para algo: comprender lo que sí fue.
El tema da para más, pero, como dices RAZA, hay que enfocar directo a los hombres y a sus intenciones. Entonces, quizá, dejaremos de ver santos y demonios.
Saludos.
Alfredo Barretero escribió: perfil
09/jun/2009 bueno, pués probablemente yo hubiera sido esos 3 de cada 4 que no sabemos bien el significado de la revolución, pero ahora que lei este articulo y pensandolo bien, me doy cuenta que tienes mucha razón con lo que mencionas, y estoy de acuerdo en la mayoria, sino es que en todo lo mencionado, ya que méxico siempre se ha caracterisado por ser de "borreguitos" que hacemos todo lo que nos dicen o festejemos lo que nos dicen y creemos todo, pero pues también ¿cómo no creerlo? si desde chicos en las escuelas siempre se nos han implantado ese tipo de ideas de una revolucion salvadora y justa e incluso nos hablan de heroes nacionales.
y tambien a mi me gustaria que para festejar el centenario de la revolucion mexicana, se supiera por lo menos un poco mas acerca de la verdadera historia, aunque la verdad no es por ser pesimista, pero dudo que la gente se llegue a enterar o a aceptar, ya que esto llegaria a cambiarles su paradigma que han tenido durante toda su vida.
Saludos!

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