“Lo siento, tiene que salir del país”

Escrito por Emmanuel Félix Lespron el domingo 28 de octubre, 2012 - 22:24 en ARC, MANILA, FILIPINAS, PASAPORTE, LEGAL, Taiwan, viajes

 

Recostado en una mesa de masaje en Makati, Manila, Filipinas, comencé a pensar: “Esto no está tan mal, después de todo, salir de Taiwán por un momento no va a ser tan malo”, hasta que la masajista me metió la mano más allá de lo permitido…

 

Como en cualquier otra Nación, en Taiwán existen ciertas reglas para los foráneos. Una de las principales indica que, para estar en paz con las autoridades, el permiso de estadía debe cumplirse y/o renovarse a tiempo perfecto.

Cuando llegué a Taiwán, el 26 de Agosto del 2011, tramité de inmediato mi ARC (Alien Resident Card) y pagué dos años para evitarme el papeleo durante el 2012.

En octubre del año pasado, perdí mi cartera con todo: tarjetas, licencia para manejar, ARC… y en cuanto tuve oportunidad, fui de inmediato a reporter mi ARC y tramitar una reposición.

Cuando me la entregaron, la fecha de expedición decía 20 de octubre y el recibo que firmé, decía “un año”, así que fui a preguntar por qué no era igual que la primera. “Tome un número y pregunte a los oficiales”, me respondieron. Como en película de terror, sentí que una cámara se acercaba a mi rostro descompuesto cuando vi la cantidad de gente esperando. “Naaaa”, le dije a la mujer policía. “Regreso otro día”.

“Otro día”, el 12 de octubre de este año, recordé que mi ARC estaba por expirar (20 de octubre, vigencia un año), así que me levanté temprano, bajé unas series en el celular (por aquello de que tuviera que esperar días) y me dirigí a la oficina de Migración en la que estoy registrado.

Llegué, no había nada de gente (“¡Yes!”) y paso de inmediato con uno de los oficiales encargados de los trámites.

Su cara no mostraba mucha alegría como la mía, pero supuse que el habría llegado a trabajar desde que yo estaba todavía en el quinto sueño.

-¿Ha salido del país recientemente?

-No… la última vez fue en abril…

 

Comenzó a juntar papeles y papeles y, mientras en mi cabeza se tejían miles de telarañas, el oficial comenzó a preguntar a sus compañeros de trabajo, en chino, qué había qué hacer con mi caso.

Finalmente se me acercó, me dio todos los papeles y una tarjeta con una dirección: Oficina Nacional de Migración.

 

“¡Veeeerde!, ¡¿qué pedo… con esto?!”, pensé. La respuesta me cayó como un balde de clavos y la indicación que le siguió, fue como si me hubieran aventado a una alberca llena de jugo de limón.

-Su ARC venció desde agosto, tiene que salir del país. Vaya a esta oficina… bla bla bla….

Para colmo, cuando intenté montar mi bicicleta, el amortiguador se rompió. Quería crecer alas y llegar al lugar de inmediato, explicar qué había sucedido y tratar de evitar a toda costa salir del país.

El viaje en metro (dos estaciones) me pareció eterno.

Por fin llegué a la oficina. Ni una persona esperando. Mi número sonó en cuanto tomé el boletito.

Una oficial me atendió. La situación parece más normal de lo común. Primero su actitud fue fría, molesta. “No entiendo cómo puede pasarles esto tanto a los foráneos”, decía.

Comenzó a hablarme en chino. Afortunadamente fui capaz de responder y, sentí, que se dio cuenta que no he estado aquí un año sin propósito.

Las preguntas personales comenzaron. “¿De dónde eres?, ¿Qué haces en Taiwán?, ¿Mexicano… por qué no eres negro?” y cosas que ya me han preguntado un millar de veces.

La mujer tomó el teléfono.

“Lo siento”, dijo, “Debo seguir las reglas de mi país. Debes salir de Taiwán y tramitar una visa de nuevo. Necesitas cumplir todos los requisitos como si fuera la primera vez: exámen medico, carta de tu escuela, calificaciones… bla bla bla…”.

En una semana junté los papeles y, gracias al apoyo de mi familia y mis amigos, un viernes ya iba volando a Filipinas, la opción más económica.

El lunes me atendieron. Mi plan era tramitar la visa el lunes, pagar la visa express y regresar el miércoles por la noche a Taiwan.

“No puede ser express, dijo el Cónsul. Tendrás que esperar aquí hasta el jueves y ver si es posible que te demos la visa”.

Esa noche fuimos al masaje y justo cuando iba a sentirme relajado, mano de masajista en lugar prohibido. Salí bastante decepcionado del lugar.

La prueba de paciencia y fe me recompensó con la visa que me fue entregada el jueves. De inmediato volví a Taipei y en cuanto amaneció fui a tramitar mi ARC.

“¡Dos!”, le grité sin querer al oficial cuando me preguntó cuántos años de cobertura quería pagar.

La moraleja es sencilla… Prestar atención a todo documento viva o no en mi país. La verdad me siento muy agradecido por los amigos y familia que tengo porque, de otra manera, simplemente el resultado no sería el mismo. Gracias a todos ellos.

En el siguiente blog trataré de describer Manila… lo poco que vimos, lo mucho que escuchamos y el turismo sexual al que están expuestas tantas menores de edad y cientos de los famosos “ladyboys”.

Gracias por dares el tiempo de leer este post terapéutico.

 

¡Saludos desde Taiwán!

 

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